BoletínUNAM En materia de sismos, las acciones deben estar más enfocadas a la prevención que a la predicción, saber cómo podemos garantizar que nuestras viviendas y construcciones estén bien hechas: ExpertoUNAM
Entre los sismos del 19 de septiembre de 1985 y de 2017 existen grandes diferencias más allá de la temporalidad: el epicentro del segundo suceso fue 230 kilómetros más cerca de la Ciudad de México; no obstante, el primero resultó 30 veces más destructor con una magnitud de 8.1, por su ocurrencia en ambientes tectónicos distintos.
Se ha avanzado en los reglamentos de construcción y debemos cumplir con ello para estar mejor preparados en la ocurrencia de un próximo fenómeno de esta naturaleza, lo que representa, sin duda, una problemática que también es de tipo económico y social, por los costos para edificar los inmuebles de mejor manera.
El experto manifiesta que la ocurrencia de estos temblores de tierra en México no es tan frecuente a diferencia de otras latitudes, “aunque quizá sea más habitual de lo que quisiéramos”. Durante los siglos XX y lo que va del XXI se contabilizan cuatro de magnitud 8: el ocurrido en 1932, con epicentro en Colima y Jalisco; el de 1985, de 8.1, con epicentro en las costas de Michoacán; así como el de 1995, que fue de 8.0, con epicentro en las costas de Colima y Jalisco.
“Los sismómetros son los instrumentos con los que registramos dichos temblores, -pero una vez que ya ocurrieron-, por lo que es muy difícil emprender observaciones de la Tierra desde su interior y que esto nos anticipe que pueda ocurrir uno”, argumenta el especialista.